domingo, 9 de mayo de 2021

INDEPENDENCIA DE GUAYAQUIL 9 DE OCTUBRE DE 1820

 


Gran día de
la emancipación guayaquileña del 9 de octubre de 1820 liderada por los valientes gestores.

 La independencia de la ciudad de Guayaquil,  fue un proceso importante durante la historia, Guayaquil contaba casi con 15000 habitantes entre ellos eran 1300 soldados del ejército realista, todos con el propósito de luchar por la libertad. En 1814 varios políticos entre ellos: José María de la Concepción de Antepara y Arenaza, José Joaquín Eufrasio de Olmedo y Maruri, y José de Villamil y Joly,  habían llegado del extranjero para propugnar la independencia, la democracia,  la república y no un simple cambio de autoridades.                                               En este período, también llegaron a la ciudad de Guayaquil, otras personalidades partidarias de la independencia. Entre ellos se destacaron: León de Febres Cordero, Luis Urdaneta y Miguel de Letamendi, miembros del Batallón Numancia que habían sido expulsados de Venezuela por apoyar la emancipación del territorio.

El  domingo 1 de Octubre de 1820, por la mañana, los próceres José de Villamil y Joly con José de Antepara,  visitan a los esposos Morlás, para organizar  un homenaje por el nombramiento de Villamil  como procurador General. El baile se celebró en la casa del prócer José de Villamil y Joly y de su esposa  Ana de Garaycoa y Llaguno, esto era una forma de distraer la atención para que los patriotas se puedan reunir en secreto y planificar la revolución, para declarar la Independencia de la corona española. Su vivienda fue la sede  de  reuniones de los patriotas, ubicada en la calle de la Orilla actual  (Malecón Simón Bolívar).

En  el día 2 de octubre, José de Villamil y Joly se reunió con los líderes Peña y Escobedo de los batallones Milicias y Granaderos de Reserva, los militares apoyaron la causa independentista. Igualmente, acordaron tratar de convencer a los jefes de otros cuerpos militares pero era difícil por ser españoles.

El 3 de Octubre, un grupo de militares y civiles llegaron a la casa de José Joaquín de Olmedo para proponerle que fuera el líder del movimiento independentista. Olmedo se negó porque  era un poeta y no militar considerando que la Revolución es de todos los guayaquileños. Entonces decidieron consultar y buscaron una opción entre el coronel Jacinto de Bejarano, Don José Carbo y Unzueta y el capitán Rafael de la Cruz Ximena.  Coincidiendo con la opinión de Olmedo  resolvieron actuar todos en nombre de la Patria.

El párroco español Francisco de Querejasú denuncia desde el púlpito de la iglesia de San Francisco, que se está preparando un levantamiento contra la corona española, provocando la alerta general entre las autoridades, inmediatamente la ciudad es sitiada por las tropas españolas, reforzadas con personal proveniente de Quito y Lima.

El día 5 de Octubre, las dudas comenzaron a aflorar en varios de los conjurados. León de Febres Cordero intentó animarlos con el siguiente discurso: En nombre de América, os ruego compañeros, no dejar escapar tan favorable ocasión de hacer un gran servicio lanzando la provincia de Guayaquil a la revolución».

EL 7 de octubre, cuando  los independentistas escucharon el rumor del religioso, padre Querejasú, denunciado la organización de la revolución, los conspiradores pretendieron actuar lo antes posible, mientras que otro grupo prefería esperar para que los ánimos se calmaran. Pero en  la casa de José de Villamil y Joly los patriotas resolvieron adelantar las acciones.

El 8 de octubre a  las ocho de la noche, el capitán venezolano León de Febres Cordero y sus tropas decidieron tomar militarmente el Cuartel de la Brigada de Artillería Española, que contaba con 200 efectivos, donde  se encuentra ubicada actualmente la  administración municipal.

En la  madrugada del lunes 9 de octubre, los capitanes León de Febres Cordero y Damián Nájera llevaron con engaño al comandante español Torres Valdivia a la casa de Cap. Damián Nájera y Murillo,  con la excusa de convidarlo a un partido de naipes. En ese instante fue  arrestado  justificándole que era la forma  conveniente de  prevenir  que él se interponga en contra del movimiento independentista. 

El capitán venezolano León de Febres Cordero y sus tropas se tomaron militarmente el Batallón Granaderos de Reserva, que contaba con 600 soldados, participando los soldados Abdón Calderón Garaycoa y el militar peruano Gregorio de Escobedo. El resto del Batallón se alojaba en la parte sur de la Casa Consistorial, situada en los terrenos del actual Palacio Municipal.                     

En el batallón “Daule”  el comandante Joaquín Magallar se enfrentó al Capitán Luis de Urdaneta y fue  abatido junto a  ocho soldados que secundaron su acción,  la muerte del comandante Magallar fue la única que se dio en la toma de la ciudad. Por la mañana del 9 de octubre de 1.820  se organizó  una Junta de Guerra presidida por Luis de Urdaneta, donde se  nombró a José Joaquín de Olmedo como Jefe Político y al teniente Gregorio Escobedo como comandante militar.                                                                                                   

El  9 de octubre de 1820, el teniente peruano cacique Hilario Álvarez al mando de sus tropas apresa al comandante español Benito García del Barrio en su residencia, quien era la máxima autoridad del cuartel español del Batallón de Caballería Daule. Al tomarse esta instalación, cayó  el Fuerte Militar San Carlos ubicado al frente del Batallón en la actual avenida Malecón Simón Bolívar.

Siendo la  5 de la madrugada, desde el balcón de su casa, José de Villamil acompañado del prócer León de Febres Cordero y del pueblo de Guayaquil  se dio  cita  al lugar.  Luego José Joaquín de Olmedo junto a los patriotas firma el Acta de la Independencia de Guayaquil a las 10 de la mañana. En esta primera sesión acordaron “declarar la Independencia por el voto general del pueblo”, como se lee textualmente en el Acta de Independencia que se redacta en ese mismo momento y es firmada por José Joaquín de Olmedo. Este documento es fiel testimonio de que Guayaquil es libre e independiente por el esfuerzo y el patriotismo de sus hijos, representados magistralmente por los próceres de la Revolución.

Conquistada la libertad el 9 de Octubre de 1820, José Joaquín de Olmedo, presidente del Gobierno Provisorio de Guayaquil, envió al día siguiente tres comisiones para difundir la buena nueva de la Independencia. El prócer Diego Noboa fue comisionado para difundir la noticia de la libertad a los pueblos de Manabí y al resto de la Provincia Libre de Guayaquil.

DIA NACIONAL DE LA CULTURA 9 DE AGOSTO


Quito, 09 de agosto de 2016.- El 11 de noviembre de 1943, el presidente Carlos Alberto Arroyo del Río fundó el Instituto de la Cultura Ecuatoriana. Posteriormente, el 9 de agosto de 1944, gracias al impulso interpuesto por el Dr. Benjamín Carrión, y al Decreto Ejecutivo 707, emitido por el Presidente José María Velasco Ibarra, se fundó la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Movió a Carrión la necesidad de levantar la moral del pueblo ecuatoriano después de los estragos de la guerra con Perú, en 1941. La CCE fue creada como una entidad autónoma que aporta al desarrollo de los derechos culturales al amparo de los principios que se encuentran en la política cultural del Ecuador (art. 3 ley orgánica de la Casa de la Cultura Ecuatoriana).

En 1975, durante el mandato del general Guillermo Rodríguez Lara, se expidió el Decreto No. 677 que consagró al nueve de agosto como Día Nacional de la Cultura. A la par, el 7 de agosto de 1975, el gobierno creó el Premio ‘Eugenio Espejo’, galardón que el Estado otorga a grandes personalidades e instituciones que, durante la mayor parte de su vida, han aportado a la ciencia, las artes y la cultura del país.

El 9 de Agosto fue consagrado como el Día de la Cultura Nacional, mediante Decreto Ejecutivo Nº 677, suscrito por el expresidente Guillermo Rodríguez Lara, instituyéndose así el Premio Nacional “Eugenio Espejo”, que será asignado por el Presidente de la República al ecuatoriano que haya sobresalido por sus creaciones realizaciones o actividades a favor de la cultura nacional.

El Premio Nacional `Eugenio Espejo´ fue creado el 6 de agosto de 1975. Luego de 41 años, el Estado ecuatoriano ha entregado 94 condecoraciones a 84 personas y a 10 instituciones, que han sobresalido en las categorías: a) Creaciones, realizaciones o actividades a favor de la cultura o de las artes, b) creaciones, realizaciones o actividades literarias, c) creaciones, realizaciones o actividades científicas.

En 2016, el Consejo Nacional de Cultura (CNC), con el fin de promover la participación ciudadana, presentó una nueva modalidad que permitió a todos los ecuatorianos presentar candidaturas de personas jurídicas de derecho privado o público que se consideren merecedoras del Premio. En este proceso se postularon a 24 personas.

Día del Himno Nacional de la República del Ecuador del 26 de noviembre

 




EHimno Nacional de la República del Ecuador. Actualmente está conformado  de cincuenta y dos  versos, seis estrofas y un coro, de las cuales únicamente se cantan la segunda estrofa y el coro. Es la composición musical patriótica que representa al país, junto con la bandera y el escudo, tiene la categoría de símbolo patrio.                                                                             

En los inicios de la República, entre 1830 y 1832, el bardo guayaquileño José Joaquín de Olmedo escribió una Canción Nacional (con un coro y cuatro estrofas) en homenaje al naciente Estado ecuatoriano. Esta creación, sugerida por el primer presidente del Ecuador, el general Juan José Flores, no fue musicalizada ni tampoco logró difusión.                       Un himno con título de Canción Ecuatoriana (seis estrofas) se publicó en la Gaceta del Gobierno del Ecuador No. 125 del 28 de diciembre de 1833 siendo de autor anónimo y no fue oficializada.                                                                                                                     En 1838, una Canción Nacional (con coro y cinco estrofas) aparece incluida en el folleto Poesías del General Flores en su retiro a la hacienda  Elvira, que publicó la Imprenta del Gobierno. En edición posterior presenta cambios en su tercera estrofa. Para los historiadores, es la segunda Canción Nacional que se conoce. No obstante, fue durante el Gobierno de Gabriel García Moreno que se concretó el proyecto de adoptar un himno nacional.. En 1865, el músico argentino Juan José Allende, que colaboraba con el Ejército del Ecuador, presenta al Congreso Nacional un proyecto de musicalización de la letra de Olmedo de 1830, pero no tuvo la suficiente acogida.

En noviembre de 1865, a petición del presidente del Senado, Nicolás Espinosa, el poeta ambateño Juan León Mera Martínez (nacido el 28 de junio de 1832), para entonces secretario de dicha función del Estado, escribió la letra del Himno Nacional , que luego la entrega para  ser conocida por los congresistas y a su vez enviada a Guayaquil para que el compositor francés Antonio Neumane Marno (nacido el 13 de junio de 1819 ) le ponga música, quien se inspiró en la del Himno a Pío IX de Gaetano Magazzari.                           La interpretación más conocida del Himno Nacional del Ecuador fue grabada por el Coro ciudad de Quito.  El himno tuvo algunos proyectos de reforma hasta alcanzar su fijación definitiva e intangibilidad en 1948. El 16 de enero de 1866 se publica la versión completa de la letra de Juan León Mera en el semanario quiteño El Sud Americano. Fue oficialmente estrenado el 10 de agosto de 1870  en la Plaza de la Independencia de  Quito. La ejecución estuvo a cargo de la banda del Batallón Nº 2 y la Compañía Lírica de Pablo Ferreti, dirigidos por Antonio Neuma, durante la segunda presidencia de Gabriel García Moreno.

Algunos sectores protestaron por el tono antiespañol de la letra, concebida para homenajear a los próceres del Diez de agosto de 1809 y condenar el ataque de la flota española contra las naciones del Pacífico en 1865. En 1888, Juan León Mera responde a las insistencias de cambiar la letra del Himno Nacional diciendo: "No cambiaré la letra del himno nacional porque no es letra de cambio"

Juan León Mera Iturralde

Las críticas al Himno se mantuvieron hasta 1913, cuando el escritor y diplomático guayaquileño Víctor Manuel Rendón, propone un nuevo himno con letra adaptada a la música de Antonio Neumane pero finalmente el Legislativo rechaza la propuesta. El Dr. José Miguel García Moreno, ministro de Educación del gobierno de Carlos Julio Arosemena Tola, comisiona en 1947 al religioso jesuita Aurelio Espinosa Pólit y a Juan León Mera Iturralde, hijo del bardo tungurahuense, para que estudien y comparen las versiones que se conocían. El debate, sin embargo, concluyó el 29 de septiembre 1948, durante la presidencia de la Republica de Galo Plaza Lasso cuando el Congreso Nacional declaró intangible al Himno en letra y música. Hoy en día por esta razón  solo se canta la segunda estrofa y  el coro. Cumpliendo el primer centenario de la letra del Himno Nacional,   la Junta Militar de Gobierno en 1965 regía  en el país siendo el presidente el contralmirante Ramón Castro Jijón, declara el 26 de noviembre como Día del Himno Nacional del Ecuador.

Traducción

La constitución ecuatoriana,  reconoce como lengua oficial de relación intercultural al idioma kichwa. El Himno Nacional tiene una versión en esta lengua, debido a la traducción realizada por Pedro Bahua Huacho, proveniente de Colta, de la provincia de Chimborazo, que fue culminada en el año de 1967. Desde aquella época ha sufrido cambios por parte de indígenas quichua, aunque la idea principal se mantiene.

jueves, 24 de septiembre de 2020

QUITO DECLARADA CAPITAL DEL ECUADOR 24 DE SEPTIEMBRE DE 1830

 



Quito hermosa capital milenaria de los ecuatorianos.

San Francisco de Quito, es  reconocida  como Luz de América y  Carita de Dios,  es  la  ciudad  más importante del Ecuador, y reconocida en  América Latina por su  gran riqueza artística, cultural y arquitectónica.

Durante la época precolombina habitaban diferentes grupos indígenas,  entre ellos los Quitus por tal motivo la ciudad lleva su nombre, al inicio del siglo XVI los incas controlaban toda la región y Quito fue la capital de la mitad,  en la parte norte del Imperio Inca.

En 1533 el general inca Rumiñahui destruyó la ciudad para que no sea conquistada por los españoles. Un año después los españoles conquistaron a los incas, inmediatamente  Sebastián de Benalcázar reconstruyó la ciudad nombrándola San Francisco, debido al patrono y al conquistador Francisco Pizarro.

En el primer  período de gobierno de Juan José Flores, Quito fue declarada capital del Ecuador el 24 de septiembre de 1830,  según el decreto expedido en la ciudad de Riobamba por el primer congreso constituyente, considerando que  luego  de la guerra civil  el Distrito del Sur se separó  de  la Gran Colombia, dando lugar a un nuevo estado independiente.

El decreto oficial en cada uno de sus artículos detalla lo siguiente:

§  Artículo 1: La Capital del Estado Ecuatoriano será siempre la ciudad de Quito.

§  Artículo 2: El Congreso celebrará en ella sus sesiones.

§  Artículo 3: Los altos funcionarios de los poderes Ejecutivo y Judicial residirán en dicha ciudad. Cuando se halle apestada, invadida por el enemigo, o en momentos difíciles, el Presidente de la República podrá llevarla a otro lugar y la regresará enseguida que pase el peligro.

§  Artículo 4: Ninguna orden, decreto o reglamento que diere el Gobierno fuera de la nombrada Capital y sus cinco leguas, tendrá valor.

 

 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

DÍA DE LA BANDERA NACIONAL 26 DE SEPTIEMBRE DE 1860




El 26 de septiembre se conmemora el día de la Bandera Nacional del Ecuador, para los ecuatorianos es un símbolo emblemático que declara el valor y patriotismo de nuestros héroes.
 La misma que obtuvo varios cambios a través de los años, siendo diseñada  mediante los eventos   que marcaron nuestras vidas como el primer grito de independencia, la inmolación de los próceres de la independencia hispanoamericana.

A través del decreto ejecutivo establecido el 26 de septiembre de 1860,  por el expresidente Gabriel García Moreno se determinó que   los colores  de la Bandera Nacional  con  franjas horizontales sean  doble amarillo,  un azul y  un rojo.                                                                                                                               En la presidencia  de Eloy Alfaro, el Congreso Nacional se reunió el 7 de noviembre de 1900, según el registro oficial N° 1725 para confirmar por medio del Decreto Legislativo,  que la Bandera Nacional sería sin cambio desde que se adquirió la independencia  del Ecuador, conservando los colores con franjas horizontales de superior a inferior, doble amarillo,  un azul,  un rojo y  a su vez  llevaría en el centro el Escudo Nacional del Ecuador.

El Congreso Nacional en 1955,  designó el 26 de septiembre como el día de la Bandera Nacional,   para el uso de actos cívicos entre los cuales se encuentra el juramento a la bandera,  por  los estudiantes del último año de educación  básica y bachillerato demostrando lealtad, respeto e integridad como ciudadanos de una patria libre.

La bandera tricolor  de  nuestra patria es semejante a la  bandera de Colombia y Venezuela  que hace mucho tiempo fueron integrantes de la Gran Colombia.

Significado de los colores de la bandera.

El color amarillo representa el sol, el oro y la riqueza de nuestro país.

El color azul representa el océano  y el cielo ecuatoriano.

El color rojo representa la sangre que vertieron los héroes para darle  la libertad a nuestra nación.

Día del juramento a la bandera.

Los oficiales de las tres ramas de las Fuerzas Amadas, Autoridad de Tránsito Municipal, Comisión de Tránsito del Ecuador, Policía Nacional, cadetes de colegios militares, autoridades civiles, autoridades, estudiantes y padres de familia de los  institutos, colegios y escuelas rinden un digno homenaje a nuestra bandera que es un emblema nacional de integridad y soberanía de la patria.

Himno a la Bandera.

Es una canción patriótica que se entona, después del juramento a la bandera o antes de las ceremonias de retiro de las banderas.

 

 

 

domingo, 9 de agosto de 2020

INMOLACIÓN DE LOS PRÓCERES DE LA INDEPENDENCIA HISPANOAMERICANA 2 DE AGOSTO DE 1810



Recordando la masacre del 2 de agosto de 1810 .

El motín del 2 de agosto de 1810, fue un disturbio ciudadano ocurrido en Quito, capital de aquel tiempo la Audiencia y Cancillería Real de Quito, en la que la agrupación de patriotas asaltó el Real Cuartel de Quito con la pretensión de liberar a los próceres que habían colaborado el año anterior en la Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito y que habían sido denunciados de crímenes de lesa majestad para los cuales el fiscal pedía pena de muerte.

La población quiteña asaltó dos cuarteles y una cárcel pero las jurisdicciones realistas reaccionaron ejecutando a los presos. Luego,  el conflicto se extendió a las calles de la ciudad. Entre 200 y 300 personas (1% de la población de entonces), perdió la vida en  el combate. El saqueo de las tropas realistas produjo pérdidas valoradas entre 200 y 500 mil pesos de aquel año. La matanza como venganza,  fue organizada por el gobernador realista, Manuel Ruiz Urriés de Castilla y Pujadas, I conde de Ruiz de Castilla, tuvo amplia trascendencia en toda la América Hispana, como un acto de crueldad y justificación de la "Guerra a Muerte" decretada por el libertador Simón Bolívar.

El Primer Grito de Independencia. El 2 de agosto de 1810

Los realistas de Quito y la Audiencia no fue de agrado el anuncio de la llegada del delegado regio Carlos de Montúfar.  Prontamente enviaron  a Bogotá el juicio en contra de los patriotas, esperando  las sentencias de muerte dictadas por el virrey. La persecución fue a todos los implicados,  como también a todas las clases sociales:

"El marqués de Miraflores murió de aflicción, cautivo en su propia casa, y cuando el gobierno traslució la muerte, mandó custodiar el cadáver y lo conservó hasta que fue enterrado, pues presumió que se trataba de una fuga bajo el amparo de la mortaja de los muertos. La ampliación y persistencia de esta persecución alarmó a todas las clases  sociales, y fueron centenares los que se ocultaron o huyeron buscando seguridad. Los víveres, en consecuencia, comenzaron a escasear hasta el término de comprarse la fanega de maíz en diez pesos, la de trigo en cuarenta y así todos los alimentos; y las tropas que habían llegado, apoyadas a la protección de Arredondo, pusieron a rienda suelta sus  malas tendencias e injusticias. Ruiz de Castilla  dominado por el imperio de Arredondo, se dejaba llevar como un niño.”

La incertidumbre entre los quiteños y los realistas iba  fortaleciéndose. Empezaron los rumores de asesinar  a los presos y del propio delegado regio, quien aún no arribaba a Quito. Un capitán de apellido Barrantes advirtió con ejecutar a los presos si las turbas intentaban asaltar la cárcel, rumor que surgió a correr a fines de julio y principios de agosto. Entonces, grupos de vecinos formularon un plan para liberar a los presos. Se atacarían dos cuarteles: el Real de Lima y el de Santa Fe, que actualmente forman el Centro Cultural Metropolitano de Quito, y una casa cercana denominada El Presidio, donde estaban presos los hombres del pueblo llano. Intento de liberación de los reclusos

Cuartel Real de Lima (actual Museo Alberto Mena Caamaño), lugar en el que acontecieron los  eventos.

Llegó entonces el jueves 2 de agosto de 1810, poco antes de las dos de la tarde las campanas de la catedral tocaron a la convocación. Era la señal acordada para que los conspiradores, que paseaban discretamente por la Plaza Mayor, y los atrios de la catedral y la iglesia de El Sagrario, entraran en acción. Se considera que no menos de tres mil soldados tenía el ejército colonial, a los que planeaba enfrentarse un puñado de patriotas.

El primer ataque fue contra El Presidio, según destaca Pedro Fermín Cevallos:

Llegó el día y la  hora en que los conspiradores acababan de asegurarse, sonando las campanas de alarma, y los llamados Pereira, Silva y Rodríguez, capitaneados por José Jerez, acometen contra el penal, matan al guardia de una puñalada, hieren al oficial de servicio, dispersan a los vigilantes y se incautan  sus armas. En esta cárcel había sólo una escolta de seis hombres con el oficial y cabo respectivos, logran  libertar a los presos, se visten, en junta de seis de estos, de los uniformes que encuentran a mano, y salen hechos soldados y con armas, directo a los cuarteles en auxilio de sus compañeros, a quienes suponían luchando todavía, conforme al acuerdo estipulado. Los otros presos huyeron la mayor parte, y cinco de ellos, atribuyéndose de honrados, se quedaron en el presidio para acoger poco después una muerte injusta.

El segundo ataque fue contra el Cuartel Real de Lima, en la actual calle Espejo:

Al repique de las campanas, quince minutos antes de la hora dada, Landáburo a la cabeza, y los dos hermanos Pazmiños, Godoy, Albán, Mideros, Mosquera y Morales, armados de puñales, obligan y derrotan la guardia del real de Lima, y quedan dueños del cuartel.  Con las armas  intimidan a los soldados que se  encuentran esparcidos por los pasillos bajos y patio, se van en cadena a los calabozos para dejar libre a los presos que, a juicio de ellos, era lo más necesario y apremiante para el buen triunfo de su valentía.

El capitán realista Galup, al prevenir el atraco, grita "fuego a los presos" y desenvaina la espada para atacar. Cae,  luchando con valentía atravesado por una bayoneta. En el primer momento, y tomados por sorpresa,  500 soldados de la guardia (del batallón de Pardos y Morenos de Lima) no mostraron demasiada resistencia; pero después reaccionaron y disparando un cañón hicieron fuego sobre los agresores.

Durante lo ocurrido, el tercer grupo, que debía atacar el cuartel de Santa Fe, no lo hizo. Esto dio tiempo a los militares neogranadinos de reaccionar. La batalla empezó a difundirse en las calles. El oficial realista Villaespesa cae muerto, por lo que el comandante de los neogranadinos, Angulo, se hizo presente en su cuartel y tomó el dominio del lugar.

Al llegar Angulo y no ser atacado, los soldados neogranadinos usan uno de sus cañones para derribar la pared que separaba su cuartel del Real de Lima, en donde se suman al conflicto. Los ocho quiteños que embistieron el cuartel fueron tomados por sorpresa; dos de ellos,  Mideros  y Godoy, cayeron muertos al procurar escapar. Angulo mandó cerrar la puerta del cuartel y comenzaron los asesinatos.

De oportunidad, la gente que había liberado a los detenidos en El Presidio procuró atacar el cuartel, pero desde el contiguo Palacio Real de las ventanas del cuartel empezaron a disparar los realistas, ahuyentando a los sublevados. En el interior, los soldados comenzaron a cumplir su amenaza de fusilar a los presos. Contrariamente a la creencia popular de que los mataron en los sótanos del cuartel -reforzada por la instalación de un museo de cera en el siglo XX-, la mayor parte fueron asesinados en los pisos altos y   solo un  preso del sótano murió. Incluso, quienes estaban en las catacumbas lograron llegar  a las alcantarillas y el estrecho bajo el edificio  logrando huir por ellas.

La consternación que tuvo la ejecución del prócer Manuel Quiroga, ejecutado frente a sus hijas, que habían acudido a visitarlo.

La forma en la que el joven sublevado Mariano Castillo se salvó de la masacre, haciéndose pasar por muerto, fue muy comentada:

Aconteció que otros próceres que se salvaron de la muerte por diferentes medios:

Don Pedro Montúfar, don Nicolás Vélez, el presbítero Castelo, don Manuel Angulo y el joven Castillo, de quien hablamos, fueron los únicos presos que, de los que ocupaban los calabozos altos, lograron huir. Montúfar se hallaba muy enfermo, y había conseguido  salir del cuartel tres días antes del fatídico día: Vélez disimuló ser loco ante el remate, y con tanta naturalidad que, mofándose de la inspección y examen de los facultativos, tuvo que ser arrojado a empujones del cuartel como insoportable demente; Castelo y Angulo consiguieron fugar en junta de los asaltadores al cuartel, porque posiblemente no estuvieron aherrojados como los otros presos, o estuvieron ya desengrillados. En los calabozos bajos sólo fue asesinado don Vicente Melo: el resto escapó,  uniéndose a Landáburo y  los Pazmiños,  huyeron por los agujeros que iban directo por la  quebrada que recorre bajo el cuartel.

La matanza en las calles de Quito

Estampilla donde se muestran imágenes de la matanza

Concluida la ejecución de los patriotas, las tropas coloniales empezaron a disparar a la población que se encontraba afuera del cuartel y en las calles próximas. Algunos de los conspiradores respondieron con fuego de fusiles y escopetas. El conflicto inició en la actual calle García Moreno. Los sublevados disparaban contra las fuerzas coloniales, hasta que fueron obligados a retornar hacia la actual calle Rocafuerte, donde está ubicado el Arco de la Reina y el Museo de la Ciudad (tradicional  hospital San Juan de Dios).

Los soldados realistas ascendieron al Arco y desde ahí cogieron en dos fuegos a los quiteños, frente a la Iglesia de la Compañía. Los quiteños se esparcieron, conduciéndose a los barrios de San Blas, San Roque y San Sebastián. Un testigo presencial, convocado por Cevallos, dice:

«Uno de los presos que salieron del prisión, dice el doctor Caicedo, se colocó en el acera de la Catedral, y desde allí arrolló a los mulatos (las tropas de Lima), acabados los cartuchos le acertaron un balazo. Quedó caído y medio muerto, y fueron a eliminarle con las cachas de los fusiles. Repitieron la escena con una india que estaba en la plaza (de la Independencia),  y con un músico que iba para el monasterio del Carmen de la nueva fundación. Todo esto pasó por mi vista».

Hasta algunas mujeres quiteñas se sumaron a la lucha, como refleja este testimonio:

Pasó una patrulla armada hacia el puente de la Merced,  vieron  pocas mujeres que no pasaban de seis. Se encargaron  de perseguirla y asesinarla,  con  piedras logrando ponerla en fuga vergonzosa.

La orden de Ruiz de Castilla, iba más a allá del simple saqueo: había dispuesto incendiar la ciudad como venganza. Otro español, el oidor de la Real Audiencia Tenorio, se opuso al castigo. Pero los soldados cumplieron con el resto del precepto, que consistía en:

Salieron todos los soldados en patrulla por todas las calles, matando a fuego y espada a cuantos encontraban en el camino, a cuantos veían en los balcones y cuantos se paraban en las tiendas y zaguanes; no escapándose de este rigor niños ni mujeres, de los cuales se sabe que fueron hasta trece y de las mujeres tres.

A la matanza, las tropas realistas se sumaron al saqueo. Precisan los testigos presenciales, en testimonios conservados por Cevallos:

Entraron en las casas que más noticias tenían de acaudaladas, y saquearon cuantos doblones, moneda blanca, alhajas, plata labrada y ropas encontraron. La de don Luis Cifuentes, al que le quitaron más de siete mil pesos en doblones, cincuenta y siete mil en dinero blanco. No contentos con robarse lo dicho, despedazaron muchos espejos de cuerpo entero, arañas de cristal y relojes de mucho aprecio, saliendo con los baúles a la calle en la esquina de San Agustín (Venezuela y Chile actualmente) a repartirse entre ellos todo lo que habían saqueado. Por la noche rompieron muchísimas puertas de tienda, y cobachuelas del comercio  las dejaron en esqueleto, continúan aún hasta hoy haciendo muchísimas extorsiones, hiriendo y lastimando a los que procuran defensa.

  

PRIMER GRITO DE INDEPENDENCIA, 10 DE AGOSTO DE 1809

 



El 10 de  agosto de 1809: Primer Grito de  Independencia del Ecuador, celebramos libertad e igualdad en nuestro país.

La noche del 9 de agosto de 1809, hubo una  gran manifestación por parte de los patriotas y  del pueblo criollo quiteño se reunieron en la casa de Manuela Cañizares, dama quiteña comprometida por la independencia del país. Decidieron reunirse un grupo conformado por nobles criollos, doctores, marqueses con el objetivo de organizar  una junta suprema de gobierno. En esta junta se nombró a Juan Pío Montufar Marqués de Selva Alegre como Presidente, el obispo Cuero y Caicedo como vicepresidente, en el despacho del Interior a Juan de Dios Morales, en el de Gracia y Justicia a Manuel Rodríguez de Quiroga y en el de Hacienda a Juan Larrea.  Los patriotas impresionaron a los comandantes españoles del cuartel de Quito y rodearon el Palacio Real, actual Palacio de Carondelet, con la finalidad de entregarle al  Conde Manuel Ruiz   Urries  de Castilla, quien era el presidente de la Real Audiencia, un oficio mediante el cual se le había suspendido de sus funciones.      

De inmediato las autoridades españolas (peninsulares) organizaron ejecutar la rebelión movilizando tropas desde Guayaquil, Popayán y Pasto con la misión de tomar Quito y finalizar con los rebeldes; al ser apresados y condenados, el pueblo de Quito promovieron acciones para liberar a los patriotas encarcelados en el Cuartel Real de Lima (actual Museo de Cera), acto que terminó en la masacre de los próceres el 2 de agosto de 1810 en la que invadieron no solo los pobladores de los centros urbanos de Quito; sino también desde los alrededores, siendo participes toda la colectividad social.

El Ministerio de Cultura y Patrimonio, a través de la Subsecretaria de Memoria Social, recuerda a la “Revolución quiteña”, como el “Primer Grito de la Independencia.”